martes, 20 de noviembre de 2007

La desigueldad entre ricos y pobres

Las desigualdades entre países pobres y países ricos se han profundizado a lo largo de los dos últimos siglos. Hacia 1820 la disparidad de los ingresos entre países ricos y pobres era de 3 a 1. En 1913, de 11 a 1. En 1950, de 35 a 1 y en 1992, de 72 a 1.
Las 200 personas más ricas del mundo obtienen ganancias de 500 dólares por segundo, y estas ganancias de 500 dólares han aumentado entre 1994 y 1998, de 440.000 millones de dólares a 1.042 billones de dólares. A este dato se le puede agregar que sus fortunas son más importantes que el ingreso combinado del 41% de la población mundial. La fortuna de sólo las 3 persona más ricas del mundo es superior al PBN (Producto Bruto Nacional) combinado de los países.

La ONU opina que para evitar este incremento en las desigualdades entre ricos y pobres se debe tener en cuenta que:

  • se necesitan normas para proteger y promover el desarrollo humano a modo de “protección social”;
  • muchos problemas de desarrollo no pueden resolverlos los estados por sí mismos, por el contrario, requieren cooperación internacional;
  • la acción destinada a proteger y promoverle desarrollo deben combinar emprendimientos de los países, de las comunidades, de las ONGS y de las empresas.


Un crecimiento económico es importante para el desarrollo humano, siempre y cuando se expresa el ingreso privado de forma, equitativa y genera un aprovisionamiento financiero para el Estado. La reducción del gasto público debilita las instituciones que se encargan de la redistribución de la riqueza y, de este modo, aumenta la desigualdad.

Texto de sociología de
WALDO ANSALDI sobre este tema

…”Según el reciente informe sobre los multimillonarios que conforman las 200 personas más ricas del planeta, los diez primeros nombres de la lista tienen una riqueza total igual al ingreso anual de los cuarenta países más pobres (133.000 millones de dólares). Dentro de tan exclusivísimo club, hay algunos argentinos. La desigualdad se hace más brutalmente notoria cuando sabemos que un tercio de argentinos –es decir, entre diez y doce millones de hombres, mujeres, niños y ancianos– "vive" por debajo de la línea de pobreza.
¿Fatalidad? ¿Designio de Dios? ¿Trabajo y esfuerzo de unos y vagancia de otros? Yo digo que es injusto e inmoral, y que no es posible resignarse ante la brutalidad del hecho por el cual unos pocos se apoderan de lo que es de muchos. Como en la sociedad capitalista la desigualdad es parte estructural de él –aun cuando sus niveles sean menores que los actuales–, está claro que sólo voluntad, decisión y acción políticas pueden modificar tamaña injusticia.
PARTE 3:

En las últimas décadas, los pobres y la desigualdad económica y social no han dejado de aumentar en el mundo, incluso, y de modo muy marcado, en países desarrollados como Estados Unidos y Gran Bretaña, donde se ha retrocedido a niveles de los duros años 1930.
En América Latina, según datos de la CEPAL y el PNUD, los pobres eran, en 1970, el 40 por ciento de sus habitantes, mientras en 1990 ascendían a 46 % o, para decirlo, menos elípticamente, 196 millones de personas, cifra que en 1996 subió a 210 millones.

En Argentina, el 10 % más rico se apropiaba, en 1980, del 29.8 % de la riqueza; en 1986, del 34,5 %. En 1995, ese mismo sector se hizo del 37,3 % de los ingresos nacionales, en contraposición con el 8,4 % que percibió el 30 % más pobre. A lo largo de las dos décadas que van de 1974 a 1995, aumentaron la riqueza de los más ricos y la pobreza de los pobres toda una novedad en la historia de la sociedad argentina, se produjo un sustantivo deterioro de la clase media. Dicho en pocas palabras: en el mundo y en la Argentina de hoy, hay más pobreza, exclusión y desigualdad que nunca. Es decir: hay más pobres y cada vez son más.”…
  • Este articulo es una versión ligeramente corregida de la ponencia presentada en la Mesa "Exclusión, fragmentación y nuevas identidades", Jornadas Internacionales "Lo público y lo privado: Construcción de una nueva sociedad civil", organizadas por la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, en el año del cincuentenario de su creación, Rosario, 11 y 12 de agosto de 1997. Una versión más breve –a la cual se le han hecho aquí muy pocos cambios formales y agregado los dos últimos párrafos de la sección III y la actual sección V– fue presentada, con el mismo título, en el Panel "Pobreza y exclusión social", del V Congreso Argentino de Antropología Social, Universidad Nacional de La Plata, 30–31 de julio y 1 de agosto de 1997.
  • Investigador del CONICET con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (Área Sociología Histórica) de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Profesor titular de Historia Social Latinoamericana en la misma Facultad.

Características demográficas y sociales de los países ricos

Los llamados países ricos presentan características económicas similares. Sin embargo, en cuanto a los sociales, difieren en algunas cuestiones. En aquellos países que desarrollado políticas públicas tendientes a una mejor distribución de la riqueza, y cuyo Estado ha tenido un rol fuerte en cuestiones de salud y educación, se registra mayor equidad en las condiciones de vida y otros aspectos sociales. En el caso de Suecia, Canadá, España, etc.
En los países que han implementado políticas liberales en todas las áreas (económicas y sociales), existen brechas más profundas entre los sectores ricos y pobres en el interior de cada uno de ellos.
Los países ricos registran, en general, bajas tasas de mortalidad; sus poblaciones tienen bajas tasas de crecimiento demográfico y algunas de ellas poseen crecimiento negativo. Las estructuras de estas poblaciones muestran una notable tendencia al envejecimiento, tanto en la cima de la pirámide (es creciente la participación de los grupos de edades ancianas en el total de la población) como en la base (es muy notable la reducción de la fecundidad).


Características demográficas y sociales de los países pobres

Los llamados países pobres presentan una gran variedad de condiciones económicas, sociales y demográficas. Entre ellos, se pueden encontrar aquellos de extrema pobreza, como Nepal, Costa de Marfil o Mozambique, hasta los de distinto grado de industrialización, como Brasil, Hong Kong o Qatar.
Los indicadores demográficos y sociales de los países subdesarrollados acusan marcadas diferencias: hay países cuyas tasas de natalidad y mortalidad, o la esperanza de vida al nacer, se asemejan a las de los países ricos (como es el caso de la argentina); y hay otros que tienen altas tasas de crecimiento demográfico y escasa esperanza de vida al nacer como Haití.

Soluciones para la pobreza

Todos los países necesitan políticas y estrategias para reducir la pobreza en el plano más breve posible. Es importante el rol que juegan los siguientes Elementos que deben ser tenidos en cuenta en forma conjunta. Ninguno, por si solo, basta para combatir la pobreza:

  • El mercado.
  • El estado.
  • Los propios pobres, que deben trabajar unidos para encontrar soluciones.

    El mercado puede cumplir una función benefactora con los pobres. Si las corrientes financieras y comerciales funcionan bien, las economías prosperarán y la riqueza llegara a los pobres. Pero la globalización económica, los embates especulativos y la fragilidad de los mercados ponen en evidencia la debilidad de esta teoría.
    Estas consideraciones nos llevan a conseguir nuevas estrategias de desarrollo sostenible que deben atender dos grabes problemas del siglo 21:
  • La desocupación masiva.
  • La acentuación de las desigualdades dentro de las naciones o entre ellas.

El estado también puede contribuir eficazmente a la lucha contra la pobreza y para ello debería:

  • Fomentar las expresiones pacificas de las demandas de la gente y la participación política.
  • Garantizar el espacio democrático.
  • Estimular las asociaciones entre el sector público y democrático.
  • Luchar para una distribución mas equitativa velar por la responsabilidad y la transparencia.
  • Brindar educación y salud básicas para todos.

Le corresponde al estado un papel activo y firme para implementar estrategia de erradicación de la pobreza pero, así mismo, debe saber cuándo intervenir y cuándo mantenerse al margen.

Las comunidades deben organizarse para la acción colectiva basada en sus propios sistemas de valores culturales y derechos.

GAGNOULET KATHERINE, NICOLA ROCIO, CALABRESE ANABELLA Y ALEGRE SILVINA